lunes, 2 de marzo de 2009

RELATOS EROTICOS

Mi cuñada una máquina de coger
Volví entre sus piernas, las elevo hasta colocarlas sobre mis hombros, me aproximo a la ostra, con el miembro amenazo a la abertura con él, apoyé la cabeza entre los labios y en un solo envión entró la mitad, el resto lo hizo ella traccionando con los talones en mi espalda. Se sentía ajustado, profundo, intenso movimiento de mete y saca, volvía a excitarse con renovado entusiasmo. Tener relaciones con la cuñada es un clásico en cualquier conversación, quien no ha pensado o acariciado la intención de tener un “asunto” de cama con la cuñada, quien esté libre de culpa es por que no tiene cuñada.
Yo no soy la excepción, tengo una cuñadita que está para llevarse todos los premios, por belleza, gracia, sex-appeal y porque sí nada más. Desde que la conocí me llenó los ojos de ella, más de una noche teniendo sexo con mi mujer cerraba los ojos y me imaginaba haciendo el amor con Perla, tal es el nombre de la joya familiar, que por cierto hace honor a su nombre.
Desde que mi novia me presentó a Perla, doce años mayor que mi esposa, no tuve un momento de calma, cada vez que asistía en la obligada visita de novios no hacía otra cosa que buscarla, estar atento a sus movimientos, era un karma en mi vida, ocupa y preocupa mis sentidos.
En sus treinta y tantos exhibía contundente belleza que me dejó loquito, rápido supo leer la pasión que despertó en mis jóvenes veintiún años, más aún parecía solazarse y disfrutar el efecto seductor que ejercía en mí, los catorce años que me llevaba los había utilizado muy bien, sabía como ponerme cada día más loco. Diría que no le alcanzaba con jugarla de seductora, sino que con el tiempo fue agregando roces y jueguitos intencionados, como si buscara acercarse con cualquier excusa, disfrutaba tenerme cerca, a juzgar por la forma como apretaba mi brazo cuando nos saludábamos parecía querer algo más, pero tal vez por mi inexperiencia y su temor a producir un problema familiar las cosas no llegaron a mayores. La paz familiar prevalecía sobre el deseo que nos quemaba. Ella ejercía cierta tutela sobre mi futura esposa, por afecto y por diferencia de edad. Fue madrina de casamiento, en la fiesta, con la excusa de unas copas de más, no economicé elogios para los atributos que se prometían en el generoso escote. Dejé en claro mi admiración, halagada asintió con graciosa aceptación, se mostró más complaciente y afectuosa que en la habitualidad de la relación familiar, hasta me pareció que me estaba dando pie para algo más, pero deseché esa peregrina idea pensando que era todo fruto del momento de excitación por la fiesta, el alcohol y el entorno que modifica la percepción de la realidad. La fiesta siguió, como se acostumbra, hasta el desayuno, es decir que había mucho tiempo aún para seguir con el viejo truco del alcohol como excusa, no pierdo oportunidad para insinuarme diciendo que me quita el sueño, con más tragos más valor y en un aparte con Perla me arrimé para confiarle que me “enganché” con Luisa, la desposada, para estar cerca de ella. Fue en un momento que la invité a bailar, justamente un tema lento, un almibarado bolero, acusó el golpe, dudó, perdió el control dela situación, la dejé descolocada y sin reacción. Todo eso o tal vez algo que desconozco motivó que me dijera bien pegada a mi oído:
- Al condenado a matrimonio, siempre se le permite una última voluntad. Dime lo que quieras o calla para siempre. -¿Si eres Perla, cómo será…? -simulé vergüenza y pudor, corté la frase con poca convicción, por acicatearla. -¿La ostra? Ibas a decir… ¡La mejor!, ¡Sin duda, la mejor! - Aprieta y suspira, para eludir cualquier duda.- Te creo, aunque… -¡Para!, con la calentura, después de la fiesta tenés donde esmerarte. –apretó la pierna justo contra el miembro y dijo: -Este postre tiene dueño hoy, ya veremos al regreso… Volvimos a vernos al regreso del “mielerío”, nos invitó a su quinta, un trofeo de guerra después del divorcio, para un fin de semana largo.
En la primera ocasión a solas le recordé la promesa pendiente, atracción mutua, miradas que podían derretir el hierro de la verja. Durante la estancia no faltaron los roces osados, en la primera ocasión que la tuve sentada frente a mí comenzó el derroche de lujuria, separó bien las piernas para que pudiera apreciar la trasparencia de la tanga, en cada cruce de piernas no faltaba la pimienta de exhibir cada vez más lento y más explícito el juego de precalentamiento.
En este juego de alto contenido erótico Perla gozaba ver como hacía para disimular el efecto de su exhibición. La noche pasó calenturienta, no hubo forma de poder tener un momento a solas, me tuve que conformar con el desahogo habitual, para colmo Luisas es una mujer de poco fuego, lo hace como a desgano y por cumplir con el precepto del débito conyugal.
Me levanté temprano, preparé café, esperando… Llegó, me encontró mirando por la ventana, apoyó su cuerpo contra mi espalda, dos tetas, el perfume dice que es ella, sin voltear extiendo la mano hacia atrás, busco su entrepierna, bajo la bata, llego fácil a la entrepierna, no hay bombacha, acaricié el suave vello, juego en la espesura, llego a la cueva, me empapo en la espesa humedad, caliente. Suspira, gime, vuelve a suspirar profundo, intenso, como quien se desprende de una pesada carga.
-¡Ah, ah!… ¡Siente que ostra tiene Perla! - mientras me da un beso bien húmedo en el cuello. - ¡Vamos fuera! ¡Nos puede ver! - sin dar tiempo al arrepentimiento, ¡cómo si lo fuera a intentar!
Nos metimos en un galponcito, trancamos la puerta, desnudo total, exhibe orgullosa las tetas, carne firme, vigorosos pezones. Tomo algo de distancia para una visión integral, mejor perspectiva como la del artista que estudia su modelo, admiración sería el término preciso para decir la impresión que producía esa tremenda mujer, tantas veces imaginada y ahora toda desnuda ante mí, ofreciéndome todos sus encantos para mi placer.
Tanta hermosura y lujuria toda para mí, era más de lo que podía ambicionar, tomada de la cintura la senté sobre una rústica mesa de campo, que al colocar tamaña belleza se engalanaba, la fina porcelana cincelada por la pródiga naturaleza se ofrecía como agua para sofocar el fogoso deseo que me consume.
Los labios afiebrados por la pasión buscaron la abertura húmeda. Lamer, mamar sin solución de continuidad, saciar la calentura atroz que nos invade por igual, mientras escudriño la profundidad de la cueva ella prorrumpe en una retahíla de palabrotas obscenas y soeces que son las únicas capaces de expresar su estado calenturiento. Las manos son tenazas que me conminan a quedarme dentro de ella hasta el fin del mundo.
Mientras mis labios y lengua le prodigaban maravillosas sensaciones en el clítoris, pretender acallar los gemidos, en realidad más parecidos a los aullidos de una loba, era como querer tapar el sol con un dedo. El orgasmo alcanzaba su cúspide cuando el dedo mayor de mi mano hizo su entrada triunfal en el “chiquitín”. La profusión de jugos fue tal que parecía que el volcán Krakatoa había entrado en erupción.
Las piernas y sus manos eran la gloriosa cárcel que me tenía secuestrado en su goce supremo. Sentirla como se debatía en las contracciones de un orgasmo jamás presenciado, era una maravilla verla y sentirla, era el fruto de esfuerzo ganado con el sudor de mi boca.
Los labios conservan el brillo del jugo, prolijo vello púbico realza la jugosa ostra, los dedos de Perla abren y exponer el interior rosado, la sonrisa vertical que pide atenciones nuevamente, no fue suficiente quería más, una máquina de gozar, insaciable, pero esta vez tenía otro destino. Entre sus piernas, accioné nuevamente el botón, la perla clitoriana, liberó la desmesurada lascivia, profuso, intenso y fogoso orgasmo, con el pulgar juego en la conchita y el dúo de índice y mayor en el ano.
Despatarrada sobre la mesa, las piernas colgando, inermes, abiertas, el vello brillante de humedad. Volví entre sus piernas, las elevo hasta colocarlas sobre mis hombros, me aproximo a la ostra, con el miembro enhiesto y duro como el acero, apunto, amenazo a la abertura con él. Recaliente apoyé la cabeza entre los labios y en un solo envión entró la mitad, el resto lo hizo ella traccionando con los talones en mi espalda. Se sentía ajustado, profundo, intenso movimiento de mete y saca, volvía a excitarse con renovado entusiasmo. Goza y devuelve placer apretando los músculos vaginales en torno del miembro que pistonea con afiebrado deseo.
Era más que obvio que conocía como complacer a un macho calentón, manejaba los labios vaginales a voluntad, sentía como producía con ellos un efecto que semejaba a la boca cuando succiona, produciendo en el nacimiento del glande un efecto tan placentero jamás sentido, movía la pelvis y caderas con tal armonía y sincronismo que necesité de todo mi poder de concentración para demorar mi orgasmo.
No soy para nada precoz, todo lo contrario, pero ante semejante máquina de coger no era fácil demorarse y gozarla a pleno.
Ahora soy yo el que le dice le dice todas las procacidades para acrecentar el grado de excitación, contestó con su propio vocabulario, fue el espacio necesario para dejarme disfrutar un poco más de la penetración por demás gozosa.
Una estocada a fondo y sostenida le hizo perder la compostura y apurar el proceso, estaba llegando el momento triunfal, forzada respiración, como pez fuera del agua, el corazón latiendo a mil y las contracciones musculares eran síntomas inequívocos de que el orgasmo está llamando a su puerta.
- ¡Dale, cabrón! ¡Dame tu leche, dame tu leche! ¡Da…me…! -Paró de vociferar para poder respirar. - ¡Por favor, ven conmigo, estoy llegando! ¡Quiero juntos, vamos dámela!
No fue solo la súplica de Perla sino que ya no podía aguantar más, apuré los últimos movimientos coitales para ponerme a ritmo y consonancia con su excitación y llegar juntos a la cima del mundo. Me moví, nos movimos, un final a toda orquesta, me lancé dentro de ella como para atravesarla, profundicé los enviones cuanto pude, fueron menos sacudidas que las deseadas por mí. En medio de un descomunal orgasmo de Perla volqué toda mi calentura, nos confundimos en un solo grito, un solo estertor postrero que selló nuestra comunión de almas. El sonido a dúo de gozo fue el arrullo de la emisión de semen, brotó incontenible, con fuerza y cantidad imposible de mensurar. Quedamos enchufados, soldados, sin poder ni querer salirme de ella, permanecer así eternamente. Al levantarme contemplé como el riego espermático se escurría por el muslo de una mujer agradecida. Antes de concluir el fin de semana hubo otras escaramuzas a la apurada. Lo mejor vino en los encuentros de sexo que se sucedieron, pero no por habituales dejaron de tener la espontaneidad y fogosidad de esta primera vez, con el tiempo fuimos incorporando nuevos incentivos a nuestro juego de sexo. Esto será para otro relato.
Autor: arturk

sábado, 28 de febrero de 2009

RELATOS EROTICOS

En la cama con Mariana28 de Febrero de 2009
por Relatos Marqueze
Nos pusieron en 4 a las dos, justo una frente a la otra, de modo que pudiéramos ver la cara del que penetraba a la otra, ¡wow! Eso fue el acabose para mí, empecé a decir cualquier cantidad de groserías, cogétela cabrón, como la puta que es, mientras ella me decía… siiii dale más fuerte y le pedía lo mismo a Jorge para conmigo.




Hola… por cuestiones de no involucrar a ninguno de los participantes, cambiaré nombres….
Me llamo Mariana, hace 6 meses terminé la UNI, tengo 22 años, no soy ninguna de esas modelos tipo Barbie pero creo que tengo mi encanto…1.70 de estatura, ojos claros cabello negro, delgada… y como dice Shakira, mis senos son pequeños para que no los confundas con montañas (jajaja), pero eso si, creo que mi madre me heredó unas buenas caderas.
Era primavera y hacía muchísimo calor. Ese día había estado caminando por horas junto con una compañera de la escuela, Nati, que era mi mejor amiga desde que llegué a la ciudad de México (hace algunos años ya). Nati no era muy guapa, pero siempre tuvo muchos pretendientes, ella era más bien llenita, de cabello castaño claro y ondulado, ojos marrón, tenia unos pechos que a mi la verdad me causaban envidia… y mucha habrá que decirlo, nunca me atreví a preguntarle que copa era… pero… después pude comprobar que apenas cabían en mi mano.


Cansadas de haber andado durante largo rato y no haber probado bocado; decidimos llamar a un amigo de la UNI, Ulises, él vivía solo desde que nos conocimos, siempre fue muy amable y atento con nosotras pero sin ninguna mala intención. Le dijimos que estábamos a unas cuadras de su casa y nos preguntábamos si podríamos visitarlo por un rato (era una buena excusa para beber algo y descansar los pies) a lo cual accedió sin ningún problema.
Ya en su casa y después de haberle contado nuestro plan sobre como habíamos llegado a su casa nos invitó algo de beber… bueno, algo más que agua o refresco, le habían quedado algunas cervezas de la fiesta del día anterior que según él eran el mejor remedio para la sed.
Pasaron los minutos, y los minutos se convirtieron en horas… y después de las 4 de la tarde me llama un compañero (al que por cierto, se me había olvidado en una cita en la facu)para preguntarme si estaba cerca de la biblioteca porque él venía retrasado, le dije que lo había esperado, pero que ya me había ido… y que si no le importaba estaba con Nati y con Ulises en su casa, a lo que preguntó si podría acompañarnos, porque necesitaba algunos problemas que yo había terminado por gracia divina…(jajaja espero poder contárselos algún día) cosa que pregunté al anfitrión y dueño de la casa que sin problemas dijo que si. Después de algunos minutos llegó Jorge, muerto de calor y agobiado por el tránsito…
Para cuando él llegó, no estábamos perdidamente borrachas… pero esas cervezas habían cumplido el objetivo. Jorge preguntó si podía brindar con nosotros y preparó micheladas para todos, muy ricas por cierto. Empezamos a hablar de los problemas de la escuela, la familia, música, deportes, y después de un rato y ya más desinhibidos… llegamos al sexo. Al principio fue un poco incómodo, pero después de algunas controversiales preguntas todos nos relajamos y empezamos a bromear, risas y más risas siguieron la tarde.
Al poco rato, vi que Nati iba mucho al baño, algún problema pensé… por lo que la acompañaba, pero después de asegurarme que estaba bien la dejé de vigilar, después era Jorge que la acompañaba mientras yo seguía platicando con Ulises. Más tarde se nos ocurrió matar el poco tiempo que nos quedaba jugando cartas. Primero cosas fáciles para que pudiéramos entenderlas mi amiga y yo, después más difícil y con castigos. (Clásico de cualquier borrachera no?) hasta que harta de perder… y dispuesta a irme le dije a Ulises que lo retaba….
Él primero se sorprendió, pero después creo que entendió que no pasaría de alguna clase de broma o juego, lo llevé al baño, entré, saqué 2 bolitas de papel, le di una (jajaja todo para despistarlo) y le dije… te voy a retar a que te desnudes delante de mi, a lo que primero se negó, pero después de haberle echado en cara que era miedoso aceptó… con la condición de que después hiciera lo mismo, pasamos a su cuarto para no molestar a Jorge y Nati que seguían hablando.
Casi al instante se desnudó mi amigo… a lo que me quedé fría, porque no pensaba que lo hiciera….y después en tono burlón me dijo” vas…” en ese instante deseé que me tragaran los 7 mares… pero no tuve alternativa (creo yo por el alcohol), empecé a quitarme con cierta vergüenza mis prendas, hasta que llegué a mi pantalón… en algún momento mientras no veía, Nati había entrado y nos miraba con cara de cierto asombro y morbosidad.
No dijo nada y Ulises me repitió…”vas…”mientras ella se quedaba perpleja mirando mi desnudez…después de que estuve desnuda… Nati se sacaba la blusa, yo me sentía en un sueño, al instante me recosté al lado de Ulises para verle… cuando por fin se quedó en tanga, entró de un solo golpe jorge a la habitación, preguntando porque estábamos tan callados desde hacía un rato. Todos nos quedamos de piedra, hasta que Nati jaló a Jorge de la mano a donde ella estaba, puso una cara de morbo… que de inmediato me di cuenta que ya tenía una erección. Mi amiga hizo que Jorge la abrazara por detrás mientras él tomaba y acariciaba sus tetas, y repegaba su ingle al trasero de ella. En ese instante sentí un escalofrío por todo mi cuerpo… al mismo tiempo que sentía una mano sobre mis pechos, era Ulises, que tenía ya su sexo bastante entusiasmado por la escena.
Esto lo soñé mil veces, pero en el momento que ocurría todo, sentí la vida en una especie de cámara lenta y todo sucedía tan lento…jorge estaba en bóxer ya cuando Nati estaba desnuda, me calentaba tanto ver a mis amigos en una escena de alcoba, y más aún… sentirme atendida por un macho estaba a punto del orgasmo ¡sin haberme estimulado!.
Tuve que controlarme un poco y planear la situación: quería todo el placer posible para mi sola, al precio que costara. Empecé a tocarme mientras apreciaba el espectáculo, jorge tocando las tetas de Nati, acercando su palo a mi amiguita… no recuerdo que fuera muy grande… unos 15 cm tal vez, poco más o poco menos, pero asomaba en la entrepierna de su compañera de caricias, el ver eso me dio tantísimo morbo… la rajita de Nati estaba ya haciendo agua… y esta caía en la verga de jorge, subí la mirada y los sorprendí viéndome , a lo que respondí con un ademán de que se acercaran a la cama.
Al mismo tiempo que masturbaba a Jorge, sentía la boca de Ulises en mis tetas… y era delicioso, estaba gozando como nunca en mi vida!. En ese momento se separaron de nosotras los dos, Nati se apoderó de mi pezón derecho, Jorge del izquierdo mientras los dos ¡me masturbaban!. Con mis manos busqué esos dos sexos que me estaban dando tanto gustito, después vi que Ulises deseaba un poco de mis atenciones, poniendo cerca de mi cara su pito, estaba ya tan rojo y lubricado que no pude resistirme a devorarlo cuando lo tuve a mi alcance.
Al poco rato no aguante más y en mi calentura grité:”… quiero que alguien me coja”… prestos se levantaron mis amigos a atenderme, pero Ulises ganó la posición (aun no entiendo como) metiéndome casi de inmediato tu fierro caliente…
Fue ahí cuando dejé de sentir a Nati en mis pezones, buscándola traté de incorporarme… mientras los sorprendía en la cama de junto… Jorge se había adueñado de la pepa de Nati, que solo alcanzaba a gemir un…”si, así, que rico, dale” mientras apretaba esas tetas que cada vez se me hacían más apetecibles, deseaba morderlas!, lamerlas, apretarlas, pellizcarlas, uffff…¡que morbo!
Al poco rato Nati se recargaba en la cama donde yo estaba y ofreciéndome esos manjares empecé a escuchar a jorga gemir y decirle cualquier cantidad de cosas sucias, lo que me hizo llegar al orgasmo prácticamente de inmediato. Así seguimos un rato más, después cambiamos de pareja, ahora Jorge estaba conmigo y Ulises con Nati, claro no sin antes haber recibido una deliciosa mamada por parte de nosotras…ahí supe que deseaba también probar la cuevita de mi amiga.
Nos pusieron en 4 a las dos, justo una frente a la otra, de modo que pudiéramos ver la cara del que penetraba a la otra, ¡wow!

Eso fue el acabose para mí, empecé a decir cualquier cantidad de groserías, cogétela cabrón, como la puta que es, mientras ella me decía… siiii dale más fuerte y le pedía lo mismo a Jorge para conmigo.
No se cuanto rato habremos estado así… pero si se como terminó… primero Nati avisó que se iba a venir, Ulises aceleró el ritmo terminando después de ella, Jorge no se quedó atrás y también terminó en mi…
Creo que los dejamos agotados, porque se tiraron inmediatamente a la cama, pero yo no me iba a ir sin probar eso que había pensado antes…
Nati estaba tendida boca abajo… fue cuando vi mi oportunidad y solo me abalancé sobre ella poniendo mi vagina en su cara… de inmediato sentí su lengua lamiéndome con lujuria…
Mientras yo saboreaba la leche de Jorgito con muchas ganas… aun tenía semen en su cuerpo mi amiga cuando sentí que me apretaba contra su pubis…. Se había venido con mi lengüita la muy zorra…eso me calentó mucho y terminé en Nati unos segundos después…
Terminamos vistiéndonos y preocupados por la hora… pasaban de las 2 de la mañana, aquella tarde-noche, había sido inolvidable.
Espero les haya gustado mi experiencia, y también poder seguirles contando algunas otras aventuras mías en la universidad…
Besitos (k)
Autora: Mariana